AUTOR: John M. Ackerman
Celebremos las victorias en Oaxaca, Hidalgo, QuintanaRoo y Tamaulipas pero mantengamos también el ojo crítico y pongamos cada quien su granito de arena para asegurar que estas victorias abonen a la continuidad y la profundización de la Cuarta Transformación a largo plazo, en lugar de su debilitamiento y desgaste.
Ofrezco algunas reflexiones puntuales con el fin de abrir un debate plural, horizontal y respetuoso sobre el tema.
Por cierto, Morena no sólo perdió el estado, sino también municipios claves como Gómez Palacio y Lerdo, donde se reprodujo la misma situación de postular a “chapulines” inaceptables para la militancia.
Nos encontramos entonces frente a un enorme reto de aprender de nuestras derrotas así como evitar que el proyecto original de Partido Morena sea sepultado por sus propias victorias.
Sí Morena sigue así, con la imposición de candidatos de dudosas trayectorias, sin democracia interna y sin el empoderamiento de las bases fundadoras, muy pronto pagaremos todos y todas las consecuencias.
Muy lamentablemente, ayer en su discurso triunfalista Mario Delgado dejó perfectamente claro que no le interesa en absoluto escuchar a los críticos o arreglar los graves problemas internos que aquejan al partido, sino que a los militantes y simpatizantes nos ve como simples borregos cuyo papel se limita a acudir y a acarrear a sus convocatorias vacías y estrictamente electoreras.
Para él, quienes promovemos la UNIDAD del partido desde abajo somos “divisionistas”. Y los voceros de la cúpula de manera cínica ya empiezan a intentar cobrar la derrota en #Durango a los demócratas, tal y como lo hicieron el año pasado con las derrotas en CDMX y otros importantes centros urbanos a lo largo y ancho del país.
No Mario, es hora de dejar de intentar matar al mensajero y asumir tu plena responsabilidad por la profunda crisis actual del partido resultado de tu errada, irregular, sectaria y autoritaria conducción.