Sinaloa México
EDITORES / GUILLERMO SANDOVAL G / M ROCÍO SÁNCHEZ B

CIENCIA, PODER Y LEGITIMIDAD: EL DOBLE JUEGO DE LA UAS

En 1967, Annie Pardo Cetto (*), entonces una joven profesora de 27 años impartía clases a quien suscribe en los laboratorios de Física y Química de la Vocacional 7 del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Su labor docente se desarrollaba en un contexto previo al ciclo de movilización social que culminaría en el movimiento estudiantil de 1968, el cual marcaría un punto de inflexión en la historia política y educativa de México.
 
AUTOR: Florencio Posadas Segura
 
Tras los acontecimientos de 1968 —caracterizados por la represión estatal y la desarticulación de liderazgos estudiantiles y magisteriales— diversos actores universitarios y politécnicos se vieron obligados a reconfigurar sus espacios de participación. En ese contexto, hacia 1970, se produjo un reencuentro con la profesora Annie Pardo, quien se encontraba acompañada de su hija, Claudia Sheinbaum.
En dicha ocasión también participaron integrantes del ámbito académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre ellos el dirigente estudiantil Salvador Martínez Della Rocca, conocido como “El Pino”, quien posteriormente fue mi compañero en la generación 1980–1982 de la Maestría en FLACSO, así como la profesora Rosaura Ruiz Gutiérrez. Este grupo formaba parte de una corriente político-intelectual que posteriormente sería identificada como “Punto Crítico”.
“Punto Crítico” puede entenderse como una de las expresiones de reorganización de sectores de izquierda universitaria tras la crisis del movimiento del 68. Su importancia radica en la articulación entre producción intelectual, crítica política y reconstrucción de espacios de acción dentro de la universidad pública. En este sentido, la participación de figuras como Annie Pardo Cetto y Rosaura Ruiz Gutiérrez se inscribe en una trayectoria más amplia de vinculación entre ciencia, universidad y compromiso político en México.
 
Ciencia, poder y legitimidad: el doble juego de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
 
En medio del conflicto que atraviesa la Universidad Autónoma de Sinaloa —descuentos salariales, litigios en curso y una creciente disputa por derechos adquiridos—, la institución Rosalina ha optado por una estrategia conocida: buscar legitimidad hacia afuera cuando se erosiona hacia adentro.
El otorgamiento de Doctorados Honoris Causa a dos figuras de alto perfil académico —la científica Annie Pardo Cetto y la bióloga Rosaura Ruiz Gutiérrez— no es, en sí mismo, cuestionable. Al contrario. Ambas poseen trayectorias que justifican ampliamente cualquier reconocimiento universitario.
 
Pero el problema no es quién recibe el reconocimiento.
El problema es quién lo otorga y en qué momento.
 
Dos trayectorias, un mismo capital simbólico
La Dra. Annie Pardo Cetto ha construido una carrera sólida en la investigación biomédica, particularmente en el estudio de enfermedades pulmonares y procesos celulares complejos. Su trabajo científico, desarrollado en la UNAM, le ha otorgado reconocimiento nacional e internacional.
Por su parte, la Dra. Rosaura Ruiz Gutiérrez representa otra vertiente igualmente relevante: la construcción institucional de la ciencia. Su papel en la Facultad de Ciencias de la UNAM y en la política científica del país la coloca como una de las figuras clave en la formación de generaciones de científicos y en la orientación de la educación superior en México.
Ambas encarnan, en distintos planos, el prestigio de la ciencia pública mexicana.
Y justamente por eso su reconocimiento tiene peso.
 
El contexto que contamina el acto
Ese peso simbólico, sin embargo, no se despliega en el vacío.
Se produce en una universidad donde:
 
• se aplican descuentos a salarios y jubilaciones
• existen cientos de amparos en curso
• se cuestiona la legalidad de decisiones administrativas
• se invoca la “sostenibilidad financiera” como justificación de medidas regresivas.
 
En ese contexto, el otorgamiento de Honoris Causa deja de ser un acto puramente académico para convertirse en un acto político indirecto.
No porque las homenajeadas lo busquen.
Sino porque la institución lo necesita.
 
La lógica de legitimación
Cuando una institución enfrenta una crisis de legitimidad, recurre a mecanismos de compensación simbólica. Uno de los más eficaces es la asociación con figuras de prestigio incuestionable.
Reconocer a Annie Pardo Cetto y a Rosaura Ruiz Gutiérrez cumple esa función:
 
• proyecta imagen de normalidad académica
• vincula a la institución con el centro del conocimiento científico
• envía una señal de alineamiento con el poder académico y, en ciertos casos, político
En el caso de Annie Pardo Cetto, además, existe un elemento adicional: su vínculo familiar con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Este hecho no invalida el reconocimiento, pero sí lo inserta en un campo de significados políticos que no puede ignorarse.
 
La contradicción de fondo
Aquí emerge la contradicción central:
una institución que busca legitimarse mediante el reconocimiento académico, mientras enfrenta cuestionamientos por posibles vulneraciones a derechos laborales.
 
La misma universidad que distingue trayectorias científicas de excelencia es la que, simultáneamente, se encuentra en litigio con su propia comunidad.
La pregunta no es menor:
¿puede sostenerse la autoridad académica cuando la autoridad jurídica está en disputa?
 
El riesgo de la instrumentalización
El peligro no es el reconocimiento en sí.
El peligro es su uso.
Cuando los actos académicos comienzan a cumplir funciones de legitimación política, se corre el riesgo de instrumentalizar a la academia. Y cuando eso ocurre, incluso los reconocimientos legítimos quedan bajo sospecha.
No porque carezcan de mérito, sino porque el contexto los resignifica.
 
Lo que está realmente en juego
Reducir el debate a la pertinencia de los Honoris Causa sería un error.
Lo que está en juego es algo más profundo:
 
• la relación entre universidad y poder
• la capacidad de la institución para separar lo académico de lo político
• la vigencia de los derechos laborales frente a nuevas doctrinas de ajuste
 
El conflicto de la UAS no es sólo financiero ni administrativo. Es una disputa por el sentido de la universidad pública.
 
Conclusión
Annie Pardo Cetto y Rosaura Ruiz Gutiérrez no necesitan legitimación institucional.
Sus trayectorias hablan por sí mismas.
La universidad, en cambio, sí la necesita.
Y en ese intento de construir legitimidad a través del reconocimiento académico, corre el riesgo de evidenciar justamente lo contrario: que su crisis no es sólo jurídica o financiera, sino profundamente política.
Porque cuando una institución recurre al prestigio ajeno para sostenerse, el problema ya no está en quienes reconoce.
Está en sí misma.
(*) El apellido correcto de la científica es Annie Pardo Cetto (no “Cemo”). En documentos públicos, académicos o políticos es importante mantener la forma correcta para preservar precisión y credibilidad.